
El Molar
pueblo de agricultores y ganaderos, está jalonado de ermitas y restos de
ellas, que se sitúan en diferentes y estratégicos lugares y que son muestra
de la devoción que sus vecinos tributaron a la Virgen y a los Santos.
De algunas
solo queda ya el recuerdo, como la de San Cristóbal, junto a la actual
Coopertiva Vinícola, que existió hasta la época de Madoz (ministro de Isabel
II) y en concreto hasta 1840. A su mano izquierda se encontraba un crucero que
fue destruido en 1920. En frente había un berraco de piedra que servía de mojón
para las cañadas pastoriles.
Otros
ejemplos son las ermitas de San Sebastián situada en los barrancos de la
Tejera y de la que hoy solo quedan sus cimientos, y la de San Roque que
posiblemente fuese construida en la edad media y que desapareció junto con la
de San Sebastián en los tiempos de la desamortización de Mendizábal. En
frente de esta última se conserva un crucero donde se espera a la Virgen
cuando la traen los mozos en Pascua desde la Ermita del Remolino.
Tres son
las Ermitas que hoy siguen en pie en El Molar. La más antigua de todas, la de
la Soledad data del siglo XVI, y hoy en día anexo ella se encuentra el
cementerio, el cual se trasladó desde la calle San Roque en1860 debido al “Cólera
Morbo”. La característica más llamativa de dicha ermita es su peculiar
planta cuadrada.
En el
Cerro de la Corneja se encuentra la Ermita de San Isidro construida en 1896 por
el arquitecto de origen alemán Joaquín Kremel, que pasaba largas temporadas
en el balneario de la Fuente del Toro.
La
vizcondesa Ramona Goicochea sufrago las 60000 Pts. que entonces costo levantar
la iglesia, con la condición de que acogiese a la Virgen del Remolino que se
encontraba en otra más alejada de la villa. Sin embargo el día que se dio
cumplimiento a esta permisa, un nutrido grupo de vecinos manifestó su rechazo
y se enfrentó a la escolta de la Guardia Civil que acompañaba la subida de la
virgen. Tres años después, el templo sufrió un incendio que destruyó gran
parte del mismo, presuntamente provocado por los disconformes fieles. Solo
pudieron salvarse las manos, el rostro y la imagen del niño de la Virgen
(patrona de El Molar). En el año 1911 sufrió una reconstrucción llevada a
cabo por el Sindicato y la Junta de labradores, época en la que se le cambió
el nombre al templo en honor al patrón de estos, San Isidro. Sin embargo de
nuevo la Guerra civil se cebó con ella. El edificio se convirtió en un
observatorio militar y en polvorín, para ser arrasado de nuevo. Desde entonces
ha permanecido en ruinas hasta que el municipio en colaboración con la
Comunidad de Madrid proyectó su restauración a fines de 1999.
Esta
ermita es muy apreciada por los expertos, dada su originalidad en su primitiva
construcción, puesto que cumple los cánones de un templo protestante a pesar
de estar destinado al culto católico en su inicio. La característica singular
de la nave se debe sin duda al origen de su creador, el arquitecto Alemán
Joaquín Kremel. También es de destacar los continuos expolios sufridos a lo
largo de su historia, que fueron mermando su vistosidad inicial, como la pérdida
de sus azulejos cartujanos de pan de oro.
La Ermita
de la Virgen del Remolino se encuentra situada en la vega del río Jarama a
unos 7 Km. al SE de El Molar, lugar en donde según la tradición se apareció.
Allí van cada años los Molareños a por su patrona el Domingo de Resurrección
y la llevan después de los festejos patronales que coincide con el día de la
Ascensión, en la llamada Romería de El Molar. La ermita fue bendecida en al año
1957 por el obispo auxiliar de Madrid, Don Juan Ricote. Es de estilo neogótico
y mudejar, está fabricada en ladrillo y con cajas de mampostería y de aspecto
es parecida a la de San Isidro en la Corneja. La nave tiene cubierta apuntada,
igual
que
la portada. Remata con una espadaña.